En Bacchus nos gusta Granbazán porque es de esos una bodega super clásica que produce Albariños de tremenda calidad, que entra limpio, huelen a costa y a fruta blanca, y te dejan esa sensación salina y luminosa que hace que Rías Baixas sea Rías Baixas. Además, la bodega tiene una historia personal, fue el vino que tomó en cata a ciegas el día que hizo el examen de sommelier uno de los socios de Bacchus.
Granbazán nace en el Val do Salnés, el corazón atlántico de la denominación, y desde sus inicios ha trabajado con una idea muy simple: hacer Albariño clásico con respeto por el viñedo y por el carácter del lugar, cuidando la frescura y esa tensión que te abre el apetito. En la copa se siente esa filosofía: es aromático sin ser perfumado, tiene acidez crujiente pero bien integrada, y una textura que suele venir de trabajar con lías para darle un poco más de cuerpo sin perder nervio.
Granbazán es exactamente eso que buscamos en Bacchus: vinos con identidad, hechos con intención, que se sienten clásicos hoy y también dentro de diez años.